Mi esposa no me atrae lo suficiente

Mi esposa no me atrae lo suficiente

Mi esposa no me atrae lo suficiente. ¿cómo puedo encontrar satisfacción?

Respuesta:

Reconozco que esto se convirtió para mí en un serio desafío; siento que mi esposa se hizo ante mis ojos una mujer no atractiva, por el peso, la figura corporal, Etc.

No obstante soy consciente que este sentimiento hacia ella no es más que una trampa que me tiende la adicción para despojarme del amor y la alegría que compartíamos desde el día mismo de nuestra boda.

Y yo sé muy bien que este tipo de pensamiento se asemeja a una pronunciada pendiente, lisa y resbalosa, que me conduce al precipicio.

La enseñanza que extraigo de esto es que debo cuidarme a fondo y actuar pronto para proteger mi matrimonio, amar a mi mujer, hacer por ella más de lo que hago, hacer más actos de amor y más gestos de cariño hacia ella.

Sé positivamente que esta es la única fórmula que hay; es  el único camino, el único remedio existente para esta enfermedad.

Sepan algo: hace algunos años leí la novela “Hombres de Marte, mujeres de Venus” y su lectura me dejó un eco de fondo que no se ha acallado en todos estos años, y persiste en mi cerebro hasta hoy.

Atención: no estoy hablando del punto que distingue la forma de pensar del hombre de la forma de pensar de la mujer. Estoy hablando de las diferentes formas de reaccionar que tenemos antes ciertas situaciones frente a los demás, cuando uno de nuestros semejantes hace algo o cuando insinúa algún mensaje con esa actuación. Y, además, quiero incluir aquí lo imprevistas que son estas reacciones que tenemos, como hombres y como mujeres.

Pero debo confesar que saber esto no fue suficiente…

Me tomó una notable cantidad de tiempo, muchísimos años, aceptar que  le debo a mi esposa un nuevo comienzo, partiendo ahora de ella, atendiendo a su forma de ser, a su concepto de la vida. Y lo hago a modo de cambio, como renovación de nuestro matrimonio, dejando a un lado mi camino, mi propia personalidad, mis criterios de vida.

Con esto vengo a decirles a Uds. algo fundamental: antes de entrar a la rehabilitación y ser consecuente con su cumplimiento, esto hubiera sido absolutamente imposible…

Esta actitud exige un grandísimo esfuerzo  para doblegar el ego y adaptar a los deseos de ella, a su voluntad, el sistema de relaciones interpersonales que reina entre nosotros, a fin de compartir entre ambos la crianza de los niños y la cuota de responsabilidad común, cumplir los horarios, estar siempre a tiempo, estar alegre más que serio y meditativo, acostumbrarse a la cercanía con ella y  permanecer en esa cercanía sin que por ello se haga obligatoria una intención de acercamiento carnal, hacer acciones que entrañen amor,  dar sin esperar retribución y más cosas. 

Bendito sea D’os, todo esto cada vez mejora más.

No obstante, hay que saber que este proceso es, ciertamente, muy lento, pero, en verdad, vale la pena vivirlo. Cuando vivimos una vida de verdad, cuando tú sabes bien qué es el amor y estás decidido a ir junto al otro, no en forma ficticia sino real, entonces es otra cosa, es completamente diferente.

Y, completando este punto, deberás saber que nada de esto podría suceder si yo estuviera sometido a las exigencias de una adicción y sólo aceptaría tomar, recibir, llevar nada sin dar  algo al otro.

En el libro bíblico de “Kohélet” (Eclesiastés) está dicho: “Sé feliz con la mujer que tú amas, porque esto es tu parte en esta vida de vacío y vanidad”. Ahora yo pregunto, ¿No tendría que estar escrito “…porque ella es tu parte…”. ¿Por qué, entonces, menciona el versículo la palabra “Esto”?

Yo creo que la palabra “Esto” alude al sistema de relaciones recíprocas, que debe conformarse como una relación más amplia entre ambos miembros de la pareja. Yo no soy el centro del mundo; lo esencial es lo que NOSOTROS creamos conjuntamente a través del dar, del “entregar a”.

Esta postura es lo único que tuvo la fuerza de sacarme a mí y a mi esposa de la confusa maraña en la que  quedamos  enredados después de la terrible experiencia de la rehabilitación  vivida anteriormente.

Y yo todavía no llegué allí, es decir a crear conjuntamente a través de entregar al otro, pero estamos creciendo en la dirección correcta. No obstante, repito, no significa que nosotros ya estemos allí.

Eso sí, descubrí  que aún una pequeña porción de este sistema de relación recíproca entre ella y yo, si proviene de mis adentros, hace cambiar TODO el juego;  sí,  sólo una pequeña porción.

Yo trato, en todo momento,  de preguntarme a mí mismo en qué “situación” me encuentro HOY, si estoy en “dar” o quizás me hallo en “tomar”.

Y hago esto sin entrar en el tema de qué es “lo bueno” o “lo malo” y ni siquiera pongo a prueba apostar qué es  “ lo más bonito” o “lo mejor”. Sólo me interesa saber cuál es la verdad sobre mí mismo y  tener conciencia sobre lo que sucede en mí mismo es lo único que obra maravillas.

Si, inicialmente yo pongo como prioridad número uno interesarme en lo que yo DOY a las demás personas que hay en el mundo, a aquellos que encuentro en la calle, a mis compañeros de trabajo, a mi familia, a mi esposa…entonces las cosas están muy bien encaminadas.

Pero en el mismo momento que las personas  –las agradables y las otras- empiezan a ser observadas  a partir del “Qué puede darme este hombre o tal mujer” o cómo pueden estos hacerme sentir, entonces…

A modo de ejemplo: si me encuentro a mí mismo poniendo los ojos en una mujer que va por la calle, de inmediato me nace la pregunta. ¡Ey, qué cosa buena le estoy aportando a esta mujer con el hecho que la estoy mirando! Obvio, para ella será mucho mejor que yo rece por su salud o por su éxito personal, a que yo la esté mirando detenidamente.  Con toda seguridad, D’os tiene para ella un objetivo que cumplir en la vida o un proyecto en el cual funcionar. ¿Acaso no es así?  Con toda seguridad, entonces, que esta mujer necesita algo y ese algo no es, precisamente, que yo clave mi mirada en su persona.

Otra pregunta es si mis hijos, de la forma en que se comportan, están  tratando de hacerme sentir bien como padre, o más simple, quizás estén  queriendo volverme loco. ¡Ey, qué significa esto!  Es decir: acaso el pensar “De qué manera ellos puedan influir sobre  mí, sobre mis sentimientos”  ¿Producirá en mí que yo despierte a “darles” a ellos algo?

Entonces, lo lógico será pensar “Cómo puedo yo ser para ellos un apoyo concreto, una ayuda en sus vidas y no una carga o un problema, en especial en los momentos en que estoy propenso a tener nervios y tensión. Y, de aquí, comienzo a moverme en cierta dirección…

…y me pregunto: “Cómo es  –hoy en día- el estado de mi relación con mi esposa. ¿Tengo con ella una relación plena, completa, o no es así, exactamente? ¿Por qué ella se casó conmigo? Y si ella me hubiera dado todas las cosas tan atractivas que yo anhelaba  (incluyendo la parte carnal), ¿Esto me estaría llenando, de verdad? Y ¿Qué habría sucedido de verdad,  si así hubieren sido las cosas?

No estoy hablando aquí de cualquier tipo de satisfacción en el marco del matrimonio; debo reconocer la verdad y preguntar  si estoy buscando un goce físico o si, seriamente, necesito algo aún más profundo. ¿Acaso estoy yo interesado en guardar una relación con otra persona en esta corta vida que tenemos, sin una ganancia mínima para alguno de los lados, por el sólo hecho que ambos somos una unidad?

El único camino que existe para “conseguir” esto es a través del “dar” desinteresado, a lo largo de todo el camino. Después de todo, ¿Acaso, nosotros, esperamos de verdad conseguir menos de esto de nuestras mujeres?

Si este camino a ti te ayuda, fantástico. Y si no… al menos me sirve  para darme cuenta de qué valiosas son, para mí, mis buenas relaciones con mi mujer y quizás voy a sonreír un poco más cuando entre por la puerta, esta noche…

Con  cariño,

Dov

Comments (1)

  • א א
    א א
    01 Enero 2012 at 15:17 |

    מאמר ממש יפה וחשוב!
    יישר כח ענק!

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