Ahora que suspendí, me siento vacío por dentro.

Ahora que suspendí, me siento vacío por dentro.

¡Suspendí! Pero siento depresión, percibo un vacío dentro mío. La pornografía era mi felicidad y, para mí, no hay nada en el mundo que pueda reemplazarla.

Respuesta: (Rav Twersky)

El artículo que sigue es una pieza compuesta a modo de discurso fúnebre, por un miembro de nuestra  organización  que logró liberarse de la cocaína.

“Estimo que parte de lo que voy a decir será expresarte cuánto te amo, pero, en realidad, todo lo que yo puedo decir es: “Te odio”, tú me engañaste. Tú me prometiste hacer este mundo más agradable para vivir en él, y yo confié en ti, pero no me dijiste que tu ayuda sería sólo momentánea y que después yo me sentiría peor que nunca.

Jugaste conmigo, me sedujiste y nunca me hiciste mejor; no me devolviste el deleite inicial que habías hecho  para mí desde el principio.

Mi esposa y mis hijos me detestaron y me odiaron a causa de mis amoríos contigo. Dijeron que me abandonarían a menos que yo renunciara totalmente a tu compañía. Me dijiste: “Sólo no te preocupes; yo te daré mucho más de lo que tu familia podría darte alguna vez”. Me estabas engañando nuevamente.

Me estabas sacando todo lo que alguien podría sacarme: el amor de mi familia, la casa, el trabajo, los amigos, mi honor…

Probablemente todavía estaría yo corriendo detrás de ti pero se me acabaron las fuerzas. Me estrellé contra el suelo, con cuerpo, alma y  espíritu deshechos, y todavía, aún en momentos como estos en los que estoy enterrándote, sigues amenazándome con salir de la tumba para venir a visitarme.

Eres un mentiroso; nunca jamás me quisiste alegrar ni darme felicidad.

Continuaré  el desafío, probaré devolverme  la fuerza a mí mismo, con lo que me quede y que aún no lo has tomado de mí. Te odio cocaína. Alguna vez te amé como nadie hubo amado algo en este mundo, pero ahora, hoy por hoy, te odio.”

Querido amigo:

Al igual que este amigo pensó que la cocaína le podía proporcionar alegría en gran magnitud, también tú estuviste pensando que la pornografía te daría la máxima felicidad. En  ambos casos, lo que él y tú están recibiendo es sólo un instante de éxtasis pero, definitivamente, ni alegría ni felicidad hay aquí, en ningún caso.

La alegría no cabe, aquí. La alegría nace cuando un ser humano se satisface y se congratula con alguna obra creada por su propio genio. Pero para ver pornografía ni para consumir droga nadie ha nacido en este planeta con esta finalidad existencial.

Desgraciadamente, mientras alguien recibe la sensación placentera,  -en honor a la verdad-  se olvida de buscar dónde podría hallar la felicidad.

No interesa qué es lo que produce la (vana) sensación de placer, la cual es completamente pasajera. Esta sensación es equívoca. Te lleva al error más gravoso porque, con lógica, quien era adicto se siente muy mal cuando decide renunciar a la cocaína. Tiene la misma sensación mala que te invade ahora a ti por haber renunciado a la pornografía.

La cocaína no es un aliado, es tu enemigo declarado. La pornografía es un enemigo, no es tu amigo. No caigas en esta ilusión; reconoce la verdad.

Con cariño.

Rabbí Abraham Twersky.

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